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Cómo franquiciar una empresa: lo que se debe tener claro antes de expandir un negocio según Tormo Franquicias

Franquiciar no es copiar un negocio, es diseñar un sistema que otros puedan replicar con éxito

Franquiciar una empresa es una de las decisiones estratégicas más importantes que puede tomar un empresario. Supone crecer más rápido, abrir en nuevas ciudades, escalar la marca con la inversión de terceros y convertir un negocio sólido en una red estructurada. No es un movimiento táctico, es un cambio de dimensión empresarial.

Esto es lo que han hecho empresarios conocidos por todos, como José María Fernández Capitán, fundador de 100 Montaditos; Pedro Espinosa, fundador de llaollao o Pedro Conde, fundador de Granier, entre otros muchos más. Todos ellos partieron desde muy poco en una fase inicial y han convertido sus empresas en claros referentes nacionales e internacionales.

Cuando un empresario empieza a plantearse cómo franquiciar su negocio, normalmente lo hace porque algo está funcionando. Hay demanda, hay rentabilidad, hay recorrido. Y surgen dos opciones: ¿por qué no se replica en otros emplazamientos? o ¿por qué no se ofrece a todos aquellos que ya se han interesado?

Pero hay algo importante que conviene entender desde el principio: franquiciar no es copiar un negocio, es diseñar un sistema que otros puedan replicar con éxito.

No se trata de abrir nuevas unidades. Se trata de convertir un modelo exitoso en una organización empresarial capaz de funcionar sin depender del fundador. Y ese matiz lo cambia todo.

¿Está realmente preparado un negocio para franquiciar?
La pregunta no es si uno mismo gana dinero, si se es exitoso y si el negocio genera demanda. La pregunta es si el modelo puede ganar dinero y ser gestionado por terceros, aunque uno mismo no esté físicamente en cada decisión. Muchos empresarios se plantean franquiciar porque «les va bien». Pero que algo funcione no significa que esté preparado para escalar.

Muchos negocios son buenos. Muy buenos incluso. Pero dependen del fundador: de su criterio, de su intuición, de su capacidad comercial o de su liderazgo operativo. Eso no es una franquicia. Eso es un negocio personal sólido. Para franquiciar se necesita algo más: procesos claros, metodología definida, rentabilidad demostrada y capacidad de transmitir el saber hacer a un tercero.

Antes de dar el paso, es necesario hacerse estas preguntas con honestidad:

  • ¿Hay vocación real y oportunidad de crecer empresarialmente?
  • ¿Los productos o servicios ofrecidos cuentan con suficiente mercado potencial?
  • ¿Se ha probado y validado el desarrollo del negocio con éxito?
  • ¿Es comercial y financieramente atractiva la empresa para un tercero que invierta?
  • ¿Es un modelo reproducible y transmisible?

Si la respuesta es «sí» a la mayoría de estas preguntas, ese negocio está en condiciones reales de poder plantearse la franquicia. Si aún se duda en varias de ellas, el camino no es abandonar la idea, sino ordenar y fortalecer la estructura antes de expandir. Franquiciar no es una decisión emocional. Es una decisión estratégica.

Diseñar el modelo de franquicia: la parte estratégica que marca la diferencia
Uno de los errores más frecuentes al plantear la expansión en franquicia es simplificar el proceso y reducirlo a una cuestión económica: fijar un canon de entrada y comenzar a vender unidades. La realidad es mucho más compleja. Franquiciar una empresa no consiste en replicar un negocio; consiste en estructurar un sistema empresarial sólido, equilibrado y sostenible en el tiempo.

El diseño del modelo de franquicia es la fase estratégica que realmente marca la diferencia entre una red que crece con estabilidad y otra que acumula conflictos desde sus primeras aperturas. El equilibrio es la clave. El franquiciado debe disponer de un modelo rentable, con capacidad real de retorno de la inversión y márgenes suficientes para consolidar su negocio. Pero, al mismo tiempo, la central necesita una estructura de ingresos que le permita prestar soporte continuo, invertir en marketing, innovar y profesionalizar la red.

En esta etapa se toman decisiones que condicionarán todo el desarrollo futuro del sistema. Se define una inversión inicial coherente con el mercado y con el posicionamiento de la marca. Se estructura el esquema de ingresos —canon, royalties y posibles servicios adicionales—, asegurando que responda a una lógica económica sostenible para ambas partes. Se perfila con precisión el tipo de franquiciado ideal, evitando incoherencias entre el modelo y el perfil del candidato.

También se establecen las zonas prioritarias de expansión, el ritmo de crecimiento y el posicionamiento competitivo frente a otras enseñas del sector. No se trata de crecer rápido, sino de crecer con orden y sentido estratégico. Un plan de expansión realista evita la saturación territorial, protege la rentabilidad de cada unidad y fortalece la marca.

Cuando el diseño es débil, la franquicia nace frágil. Y una base frágil se traduce en tensiones internas, pérdida de confianza y dificultades para sostener el crecimiento. Por el contrario, un modelo bien estructurado permite escalar con coherencia, atraer mejores candidatos y consolidar una red profesional.

Si el objetivo es franquiciar una empresa con garantías y construir una red sólida, el diseño del modelo no es un trámite. Es la decisión estratégica que determina el futuro de toda la expansión.

Profesionalizar el proyecto: estructura legal y documentación
Cuando el modelo está claro, es cuando toca ordenarlo y protegerlo. Aquí aparecen los elementos que convierten la idea en un sistema profesional y se hace necesario el Proyecto de Franquicia.

Los pilares documentales son esenciales:

  • Manual operativo: convierte el saber hacer en procedimiento replicable.
  • Contrato de franquicia: regula la relación y reduce riesgos.
  • Documento de Información Precontractual (DIP): garantiza transparencia jurídica.
  • Dosier comercial: transforma el modelo en oportunidad atractiva para inversores.

Sin estructura documental no hay franquicia profesional. Hay intención. Y en la expansión de un negocio en franquicia, la intención no es suficiente.

La firma de contratos de franquicia: por qué la expansión no sucede sola
Otro error habitual es pensar que, una vez preparado el modelo, los franquiciados llegarán. La realidad es otra: franquiciar es vender una oportunidad de inversión. Y eso exige estrategia específica: marketing orientado a emprendedores e inversores, capacidad de comunicación, captación cualificada, selección rigurosa y seguimiento estructurado. Más del 80 % de las redes que no despegan fallan en esta fase.

Y algo fundamental: no se trata de vender rápido. Se trata de seleccionar bien. Una mala selección puede comprometer la reputación de toda la red. Y sobre todo hay que darlo todo en los primeros franquiciados. Son la base del éxito futuro del negocio y también sus mejores vendedores.

El verdadero reto empieza cuando hay crecimiento
La primera unidad franquiciada no es el final del proceso. Es el principio de una etapa donde se asume una alta responsabilidad.

Una red sólida requiere: definir claramente el perfil del franquiciado y aceptar solo a aquellos que reúnan las condiciones requeridas, formación estructurada, acompañamiento en la apertura, supervisión continua y evolución constante del modelo de negocio. Esa es la diferencia entre una red estable y una red conflictiva.

La expansión sin control destruye la marca. La expansión con método construye valor empresarial. Si alguien decide franquiciar su negocio, debe estar preparado para liderar una red, no solo para vender unidades.

¿Cuánto cuesta franquiciar una empresa?
Depende del punto en el que esté la propia empresa. Pero el coste de un proyecto de franquicia no es realmente costoso en relación a lo que va a aportar. En muchas ocasiones se indica que la consultoría de franquicia es el único modelo de consultoría que se rentabiliza por parte de las empresas inmediatamente al ser el que hace posible que se puedan generar ingresos a partir del mismo. Pero se debe ver como lo que es: una inversión estructural. Se está creando una nueva línea de negocio dentro de la propia compañía.

Bien diseñada, la franquicia genera escalabilidad, diversificación de ingresos, posicionamiento de la marca y una alta rentabilidad a medio y largo plazo. Mal diseñada, genera fricciones difíciles de corregir.

¿Cuánto tarda el proceso de una consultoría de franquicia?
Organizar una empresa y prepararla para poder franquiciar llevará entre 3 y 4 meses. Este plazo no es arbitrario. Responde a las distintas fases necesarias para convertir un negocio operativo en un sistema franquiciable sólido y replicable.

En una primera etapa se analiza la viabilidad real del modelo. No todos los negocios están preparados para franquiciar, aunque sean rentables. Es necesario evaluar márgenes, estructura de costes, capacidad de replicabilidad, diferenciación competitiva y potencial de mercado.

Posteriormente, se diseña el modelo de franquicia: inversión inicial, estructura de canon y royalties, perfil del franquiciado ideal, definición territorial y estrategia de expansión. Esta fase es clave, porque un mal diseño condiciona todo el crecimiento posterior.

En paralelo, se trabaja en la estandarización operativa. Esto implica documentar procesos, estructurar manuales, definir protocolos de formación, soporte y control, y establecer indicadores de gestión que permitan mantener la coherencia de la red.

Finalmente, se desarrolla la documentación jurídica y comercial necesaria para salir al mercado con garantías: contrato de franquicia, dosier informativo, argumentario de expansión y plan de captación de franquiciados.

Cuando la empresa parte de una estructura ordenada y con procesos claros, el proceso puede ser más ágil. Si, por el contrario, requiere reorganización interna profunda, puede extenderse hacia el rango superior del plazo estimado.

Franquiciar no consiste en vender licencias. Consiste en construir un sistema empresarial escalable. Y eso requiere tiempo, método y una planificación rigurosa.

En definitiva: franquiciar es cambiar de dimensión
Franquiciar no es simplemente crecer. Es cambiar de nivel empresarial. Implica pasar de gestionar un negocio a dirigir una red. De operar unidades a construir sistema. De vender productos o servicios a vender modelo.

Cuando se hace con método, visión estratégica y estructura profesional, la franquicia se convierte en una herramienta extraordinaria de crecimiento y consolidación. Cuando se hace sin preparación, se convierte en una fuente de conflictos.

La diferencia no está en querer expandirse. La diferencia está en cómo se diseña el camino para franquiciar una empresa con éxito.

Tormo Franquicias Consulting tiene una amplia experiencia en el desarrollo de proyectos de franquicia y expansión empresarial. Ha participado directamente en el desarrollo de un amplio número de empresas en múltiples sectores de actividad.

Para más información y tener un diagnóstico empresarial para conocer la franquiciabilidad de una empresa, es posible contactar con Tormo Franquicias Consulting sin ningún compromiso.

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