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El prestigioso odontólogo Iván Malagón explica cómo la IA revoluciona la odontología y analiza sus límites

El referente internacional en ortodoncia invisible, ortopedia maxilar y cirugía ortognática analiza cómo la Inteligencia Artificial ya está transformando el diagnóstico y la planificación de los tratamientos dentales, pero advierte de que el criterio clínico y la experiencia del odontólogo siguen siendo imprescindibles para garantizar la salud y la seguridad del paciente

La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta habitual en las consultas dentales de todo el mundo. Hoy ya ayuda a detectar caries en fases muy tempranas, analizar radiografías con gran precisión, planificar ortodoncias, simular el resultado final de un tratamiento o realizar seguimientos remotos de pacientes. La evidencia científica publicada en los últimos años confirma que la IA está mejorando el diagnóstico y la planificación clínica, aunque también coincide en una misma conclusión: su uso debe estar siempre supervisado por profesionales cualificados.

En este contexto, el prestigioso odontólogo Iván Malagón, referente internacional en ortodoncia invisible, ortopedia maxilar y cirugía ortognática, analiza cómo esta revolución tecnológica está transformando la odontología y explica cuáles son los principales retos que plantea su utilización.

«La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse y va a transformar profundamente la profesión. Es una herramienta extraordinaria que permite trabajar con mayor precisión, realizar diagnósticos más completos y planificar tratamientos mucho más personalizados, pero sin olvidar que la IA necesita el criterio del odontólogo. La tecnología no sustituye al profesional; le ayuda a tomar mejores decisiones».

La IA aprende… pero también puede aprender de tratamientos mal planificados
Mientras gran parte del debate gira en torno a si la Inteligencia Artificial sustituirá algún día a los profesionales sanitarios, Malagón pone el foco en un aspecto del que apenas se habla.

Según explica, los sistemas de Inteligencia Artificial utilizados actualmente en odontología aprenden a partir de millones de casos clínicos y tratamientos realizados por profesionales de todo el mundo.

«La IA aprende de enormes bases de datos clínicas. El problema es que no todos esos tratamientos estaban correctamente planificados. Si esa información no pasa por el filtro y el criterio clínico de un especialista, la tecnología también puede aprender de esos errores y reproducirlos».

Para el doctor, este aspecto convierte la supervisión profesional en un elemento absolutamente imprescindible.

«La Inteligencia Artificial no distingue por sí sola qué tratamiento estaba bien hecho y cuál no. Necesita que un profesional con experiencia interprete esa información y valore si la propuesta es realmente la adecuada para ese paciente».

Una revolución que ya está cambiando la odontología
Lejos de rechazar la tecnología, Iván Malagón considera que la Inteligencia Artificial representa uno de los avances más importantes que ha experimentado la odontología en las últimas décadas.

Actualmente permite detectar lesiones con mayor rapidez, analizar miles de imágenes clínicas en cuestión de segundos, planificar tratamientos más personalizados, reducir tiempos de trabajo, realizar seguimientos remotos mediante herramientas digitales y mostrar al paciente simulaciones muy precisas del resultado final antes incluso de comenzar el tratamiento.

«No es una moda tecnológica. La IA ha venido para quedarse. La cuestión ya no es utilizarla o no, sino saber utilizarla correctamente».

Una boca no son solo dientes
Malagón recuerda que una ortodoncia va mucho más allá de mover dientes hasta alinearlos.

En una planificación correcta intervienen numerosos factores que el odontólogo analiza de forma conjunta: la estructura ósea, la relación entre el maxilar y la mandíbula, la musculatura, la articulación temporomandibular, la función masticatoria, la estabilidad futura de la mordida e incluso otros aspectos médicos que condicionan el tratamiento.

«La Inteligencia Artificial es capaz de calcular movimientos dentarios con enorme precisión, pero sigue siendo incapaz de valorar por sí sola toda la complejidad biológica de un paciente».

Y añade una de las máximas que ha guiado siempre su forma de entender la odontología:

«La función hace la forma. Cuando una boca funciona correctamente, la estética llega como consecuencia. Una sonrisa bonita nunca puede construirse sacrificando la salud».

El riesgo de confiar la salud a un algoritmo
El Dr. Malagón también muestra su preocupación por el crecimiento de tratamientos dentales comercializados exclusivamente por Internet, desde alineadores enviados a domicilio hasta productos de blanqueamiento o dispositivos promocionados en redes sociales.

«El verdadero riesgo aparece cuando el paciente piensa que un algoritmo puede sustituir un diagnóstico clínico completo. Ninguna Inteligencia Artificial explora una articulación, analiza la musculatura, estudia la función de la mordida o interpreta todas las variables biológicas que condicionan un tratamiento».

Una planificación incorrecta puede provocar alteraciones en la mordida, sobrecarga de la articulación temporomandibular, desgaste prematuro de los dientes, cefaleas, dolores cervicales e incluso la pérdida de piezas dentales.

El futuro: inteligencia artificial y criterio clínico
Lejos de plantear un enfrentamiento entre tecnología y profesionales, Iván Malagón defiende que el verdadero futuro de la odontología pasa por combinar ambos mundos.

En su propia clínica lleva años incorporando herramientas de Inteligencia Artificial entrenadas bajo sus propios protocolos clínicos para agilizar diagnósticos y mejorar la planificación de tratamientos, siempre bajo supervisión profesional.

«El futuro no consiste en elegir entre un dentista o una máquina. El futuro pasa por combinar la enorme capacidad de análisis de la Inteligencia Artificial con la experiencia, el criterio y la visión clínica del odontólogo».

Y concluye con una reflexión para resumir el momento que vive actualmente la profesión:

«La Inteligencia Artificial puede ayudarnos a diagnosticar mejor y a planificar con mayor precisión. Pero la responsabilidad de decidir el tratamiento seguirá siendo siempre del odontólogo».

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